Después de muchas vueltas, de muchas indecisiones, de muchos malentendidos, hoy, hace un rato, me quedó por fin claro que mi matrimonio con Adriana se terminó. Que ella no está dispuesta a volverlo a intentar, que no vamos a dar una oportunidad más.
Así que el miercoles vamos a firmar el divorcio. Vamos a ir al registro civil, a ver a ese juez chistoso, que seguro nos va a volver a preguntar si estamos seguros. Vamos a poner nuestras firmas en un papelito que dice que ya no podemos vivir juntos. Y luego cada uno de los dos se va a ir por su lado.
Sería bonito imaginar que, a pesar de todo, podemos rescatar por lo menos la amistad. Pero, ¿cómo ser amigo de mi amante? ¿Cómo podría estar feliz por ella cuando encuentre a alguien más a quien tomar de la mano? No puedo volver a ponerme en esa situación. Ya la viví.
Adios, Adriana. Suerte.