Triptofanito
Triptofanito es un libro escrito hace 28 años por Julio Frenk (Sí, el que es ahora nuestro secretario de salúd.) Yo lo leí hace más o menos 25, es decir cuando era yo un chamaquito. Es un libro muy bonito de divulgación científica, especificamente de medicina, para niños. Pero la razón por la que es uno de los libros definitorios de mi vida no es precisamente la calidad ni de su escritura ni de su información (Que no son en absoluto malas. Todavía ahora mi imagen del funcionamiento del pancreas incluye una viejita amable sirviendo the).
Verán ustedes. En aquel entonces mi diligente madre tenía por costumbre leerme un pedazo de un cuento cada noche antes de dormir. Esto es, creo, una práctica relativamente común (o debería). Me ponía la piyama, me metía entre las cobijas, sacaba el libro del cajón, me leía un pedazo, apgaba la luz y salía del cuarto. ¡Y yo me quedaba a media historia, teniendo que esperar hasta el otro día para saber que pasó después!
Un día no soporté más. En cuanto ella salió yo me bajé de la cama, prendí la luz y agarré el libro. Y no lo solté hasta terminar. Al otro día, cuando mi mamá iba a leer el pedazo correspondiente, yo le informé que ese libro ya lo había terminado y que por favor empezara con otro. A la segunda vez que le hice eso, mi mamá dejó de leerme cuentos y se limitó a dejar los libros en un estante a mi alcance. Y luego se dió cuenta que eso servía no sólo para los cuentos, sino también para las preguntas difíciles. Ahí iba Rodrigo: ‘Mamá, ¿porqué ...?’ Y mi mamá decía: ‘Pues búscalo en un libro’.
Y eso ha determinado mi vida hasta ahora. Cada que tengo una pregunta difícil, pues lo busco en un libro. O en Internet, ahora que semos modernos. Por eso entendí perfectamente esta cultura hacker del RTFM.
Nunca he logrado recordar si Triptofanito fué el primer o el segundo libro con el que le hice eso a mi madre. Pero sí recuerdo que, cualquiera sea el orden, el otro fué Historia de un viejo tren. Estos dos libros fueron mi primera incursión en el mundo de la lectura. De ellos es la culpa de que acabe uno retando a la gente a leer. Y de ellos es la culpa—indirectamente, sí—de que sea yo un geek. Gracias.


