Elucubrando

Febrero 26, 2007

Ciclos astronómicos

Archivado en: — rodrigo @ 6:25 pm

¿Se han quedado alguna vez a dormir en una tienda de campaña, en el campo? ¿Con tormenta? Encerrados dentro de una pequeña burbuja, escuchando caer la lluvia torrencial, viendo de vez en cuando el reflejo de los rayos en el cielo. En esos casos lo único que sostiene la esperanza es el conocimiento de que tarde o temprano la tormenta terminará y saldrá de nuevo el sol. Ver la luz de nuevo inundar el campo, colarse entre los árboles, reflejarse en el agua. Uno entiende por qué todas las culturas del mundo hicieron del sol un dios. Por qué reverenciarlo. Por qué hacerle sacrificios, incluso.

Imaginen entonces el maravilloso momento en que alguien, en algún lado, se dio cuenta por vez primera que el cielo es cíclico. Que el sol siempre sale de nuevo al otro día. Que la luna volverá a crecer, después de haber desaparecido. Que los días cortos del invierno volverán a ser largos y que incluso los aparentemente caprichosos eclipses siguen un patrón. Regular. Preciso. Confiable.

En honor a ellos, no hay que olvidar nunca los aniversarios. Aún después de desaparecido lo celebrado.

Febrero 19, 2007

El rey del pavo

Archivado en: — rodrigo @ 4:20 pm

Los que sean, como yo, amantes del flan napolitano sabrán que existen varias escuelas de pensamiento respecto a su correcta preparación. Yo pertenezco a la que sostiene que un buen flan debe tener una textura esponjosita, llena de burbujas. La corteza debe ser un poco más dura, ligeramente tostadita. Y debe haber abundante caramelo. Soy además enemigo de las inovaciones, como lo son el ponerle sabores extra—frutas, por ejemplo—más allá de los ingredientes básicos: huevo, leche, azucar. Lo que más disminuye en mi opinión la calidad de un flan es que resulte pesado y compacto. O que esté seco, sin caramelo.

Si comparten mi idea de un buen flan les interesará saber que en la calle de Motolinia, en el mero centro de la ciudad, a dos locales de la esquina con 16 de septiembre, está el restorán ‘El rey del pavo’. Venden tortas, flautas y consomé, de pavo por supuesto, aunque las tortas también hay de lomo y pierna de cerdo. Tienen al fondo del local un barril, lleno hasta el tope de chiles encurtidos, de dónde llevan un plato a cada mesa. Todo en un ambiente medio arrabalero, con un viejito tocando en la guitarra boleros de Los Panchos, y harto humo saliendo por la bastante estrecha puerta. Y muy buen flan. Y chongos zamoranos.

Como nota al margen, este restorán es claro ejemplo de por que no me cae bien Cristina Pacheco. Hace algunos años paso filmando su ‘Aquí nos tocó vivir’ por esa calle. Y en vez de meterse ahí, a entrevistar al señor que está todo el día destrozando pavos con las manos tras la barra, se fue a meter al antiséptico ‘La Rambla’, tres o cuatro locales más al norte. Insípido lugar con abundante ventilación, paredes blancas y mesas limpiesotas, aquel. Qué falta de espíritu.

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