Ciclos astronómicos
¿Se han quedado alguna vez a dormir en una tienda de campaña, en el campo? ¿Con tormenta? Encerrados dentro de una pequeña burbuja, escuchando caer la lluvia torrencial, viendo de vez en cuando el reflejo de los rayos en el cielo. En esos casos lo único que sostiene la esperanza es el conocimiento de que tarde o temprano la tormenta terminará y saldrá de nuevo el sol. Ver la luz de nuevo inundar el campo, colarse entre los árboles, reflejarse en el agua. Uno entiende por qué todas las culturas del mundo hicieron del sol un dios. Por qué reverenciarlo. Por qué hacerle sacrificios, incluso.
Imaginen entonces el maravilloso momento en que alguien, en algún lado, se dio cuenta por vez primera que el cielo es cíclico. Que el sol siempre sale de nuevo al otro día. Que la luna volverá a crecer, después de haber desaparecido. Que los días cortos del invierno volverán a ser largos y que incluso los aparentemente caprichosos eclipses siguen un patrón. Regular. Preciso. Confiable.
En honor a ellos, no hay que olvidar nunca los aniversarios. Aún después de desaparecido lo celebrado.


