Elucubrando

Agosto 28, 2007

Odios medio irracionales

Archivado en: — rodrigo @ 6:13 pm

¿Saben qué me cae muy mal, con odio jarocho? Los intelectualoides disque liberales, de esos que abundan en Coyoacán. Esos que van a ver una película, a más ininteligible mejor, y después se van a tomar café y fumar cigarros sin filtro, mientras hacen sesudos “análisis” de las “implicaciones” psicoanalíticas de que el director haya filmado todo en un cuarto con un tapete rojo.

Es claramente una alusión al complejo edípico del protagonista. Fijate si no en las anodinas expresiones de las actrices de reparto mientras el pornográfico galán se las coje. Puedes ver como su mente se desdobla en dimensiones místicas, inexploradas por el imáginario colectivo de la sociedad postmodernista industrial …

Y así, durante horas. Puntos extra de odio cuando suben el volumen de la conversación cada que dicen algo tabú, como “cogen” o “lésbico”, para que todos sepamos que ellos no se asustan al mencionar esos temas.

Agosto 27, 2007

¿Dónde se hospedaría esta petición?

Archivado en: — rodrigo @ 5:43 pm

Divagando el otro día sobre temas políticos varios, estabamos discutiendo Daniel y yo acerca de si, de existir, el Dios de los católicos podría venir y declarar como válidas leyes que, por ejemplo, la Suprema Corte hubiera declarado inconstitucionales. Yo decía que no, porque la SC es instancia máxima y el estado mexicano es laico. Daniel dice que “¿Y qué? Un dios podría venir y cambiar su creación sin importarle las leyes internas de la misma, que por eso está afuera.”

Reconociendo la validez de dicho argumento, propongo que nos pongamos a juntar firmas para pedir la institución de la Comisión Interdéica de Derechos de las Creaciones (CIDeC) que tendría como función proteger a los diversos universos de actos arbitrarios por parte de sus respectivas deidades creadoras. ¡No a los abusos divinos! ¡Sí al estado de derecho! ¡Nunca más milagros y portentos que atenten contra las leyes físicas o humanas (o lo que haya en otros universos)! Los universos sin creadores podrían ser admitidos como observadores neutrales.

¿Creen?

Archivado en: — rodrigo @ 5:34 pm

A veces me pregunto si lo que pasa es que yo no hablo español, sino un idioma relacionado, con gran cantidad de cognados pero con unas cuantas diferencias cruciales repartidas por ahí. Eso explicaría como en ocasiones estoy aparentemente comunicandome con alguien y de pronto, sin previo aviso, hacen o dicen algo completamente injustificado por la conversación previa.

Sí, eso ha de ser.

Agosto 20, 2007

Dos estaciones

Archivado en: — rodrigo @ 9:31 pm

Cabello oscuro,
mirada ágil.
Amor a primera vista
que pronto terminará.

Agosto 9, 2007

Epifanía

Archivado en: — rodrigo @ 10:15 pm

Creo que parte del problema es que insisto en suponer que todo lo que observo debe ser parte de la misma historia. Una prefabricada, además.

Agosto 6, 2007

Motivos

Archivado en: — rodrigo @ 1:05 am

En ocasiones, por la noche, cuando pasan por mi mente fragmentos de historias, de rimas, de ritmos, pienso que es suficiente tener inspiración. Deseos y motivos. Que es un precio justo. Otras veces los cambiaría por pretextos para caminar más a menudo por la Alameda.

Agosto 3, 2007

Pecados

Archivado en: — rodrigo @ 12:19 pm

¿No deberían los que hacen las campañas contra los anticonceptivos hacerlas también contra la comida baja en calorías? La gula también es pecado capital, ¿que no?

Agosto 2, 2007

Por alto esté el cielo en el mundo

Archivado en: — rodrigo @ 7:36 pm

La nave se levantó sobre una pluma de humo. Desde lejos, más allá de dónde llegaba el estruendoso rugir de los motores, el deslumbrante brillo de su llama, todo parecía ocurrir de forma lenta, tranquila. Una pequeña burbuja, elevándose ligera en el aire.

Dentro del cohete la ilusión se rompe. La incesante vibración, el nervioso movimiento de centenares de medidores, el parpadeo interminable de multitud de foquitos, todos reclamando su instante de atención, impide olvidar que la nave está bajo tensiones incesantes. Los metales se estiran, chillan y protestan. Allá, abajo, en las profundidades de la maquinaria, un juego de válvulas se cierra. Pequeños interruptores hacen su trabajo. Una sacudida y la primera etapa se separa, cayendo entre llamas hacia el mar. Se encienden los siguientes motores y la nave continúa su orgulloso vuelo.

Eventualmente la nave abandona lo más profundo del campo gravitatorio. Para entonces, del enorme cohete no queda más que la pequeña cápsula de la punta. Dentro de ella, los verdaderos motores, que la transportarán a través de las profundidades del espacio, más allá del sistema solar. Pero, primero, hay que alejarse aún más. De la cápsula surgen mástiles, con tenues velas estiradas entre ellos, como si fueran las alas de un insecto que sale de su capullo. Las velas se tensan, enormes. Se llenan con el viento solar e impulsan a la nave, cada vez más rápido, hacia las profundidades del espacio.

Cuando tu destino está más lejos que los cometas, el cielo no es el límite. Es solo el inicio del viaje.

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