Basura
—¿A dónde tiro las uñas que me corté? ¿Las echo por la ventana?
—¡No seas cochino, ahí está el bote!
—Pero es que el bote es para basura, y esto es biodegradable.
—¡Tu popó es biodegradable y no la andas echando por la ventana!
—¿A dónde tiro las uñas que me corté? ¿Las echo por la ventana?
—¡No seas cochino, ahí está el bote!
—Pero es que el bote es para basura, y esto es biodegradable.
—¡Tu popó es biodegradable y no la andas echando por la ventana!
– ¿Tenía tesoro?
– … es un cocodrilo.
– Quizá se comió a un aventurero que traía tesoro.
– Quizá. Pero en ese caso, el tesoro estaría adentro de su estómago.
– ¡Le abro el estómago!
– Eres un clérigo, ninguna de tus armas tiene filo.
– Pero seguro tengo un cuchillo con el que como, ¿no?
– ¿Pretendes abrir el estómago de un cocodrilo con un cuchillo de mesa?
– Mmm, es cierto … ¡uso mi mazo!
– …
– ¿¡Qué!?
– … Golpeas el estómago del cocodrilo con tu mazo. Después de unos minutos, la piel termina por destrozarse. Quedas parado en medio de un reguero de vísceras de cocodrilo.
– ¡¿Qué encuentro!?
– Vísceras de cocodrilo. Y sangre. Y restos de comida de cocodrilo.
– ¡¿No hay tesoro?! ¡Me hubieras dicho antes!
—¡Saluda a tu tía!
—Hola, Sofía.
—¡No le digas así!
—Pero … tú siempre le dices Sofía.
—Pero tú no, porque es tu tía. Dile Tía.
—... Hola, Tía.
—Hola, querido.
Si su tuit cae en elguno de los siguientes patrones, probablemente es mejor que se abstenga:
Querida Frau Mamá: Yo sé que tú no me enseñaste a hacer esas cochinadas, y espero que un día me disculpes abandonar así las buenas costumbres que en mí trataste de imbuir, ¡pero QUÉ BUENOS saben los huevos estrellados con jarabe de maple encima!
Después de un tiempo se cansó del charco de recuerdos estancados que se formaba en el patio, así que se puso su ropa de faena y salió con unos guantes, una bolsita, y mucha determinación a quitar de la coladera la madeja de memorias enredadas que la tenía tapada. Al terminar contempló el patio, vacío por fin, y sonrió sin acordarse por qué.
Me contó mi hermano que en Cuba, cuando está la gente esperando el camión (la guagua, ja ja) no hacen filas ni nada parecido. Todo mundo se para por ahí cerca en la sombrita, o se sienta en la banqueta o lo que sea que prefieran para estar más cómodos. Cuando llega alguien nuevo, pregunta “¿Último?” El último anterior se identifica, el nuevo se aprende que al abordar le toca después de esa persona y asume la responsabilidad de contestar a quien llegue después.
Eso, en mi opinión, marca a Cuba como una de las naciones más civilizadas de este planeta.
Éste ha sido de esos días
de arenitas en los ojos
de retrasos en el viaje
de ropa un poco mojada
de mala sopa y sin pan.
Para los maestros de primaria el año escolar casi casi se acaba en Abril. Entre que si la fiesta del día del niño y el 1 de mayo no se trabaja y el 5 hay ceremonia cívica y que si hacer la manualidad para las madres y poner un bailable para el festival y luego el 15 es otra vez feriado y luego hay que hacer el papeleo de fin de año y preparar a los niños por si hay exámenes del sector o la sección o la sep y luego ya se nos viene encima junio y pues para fin de año también hay que hacer festival. Con tabla gimnástica. ¡Y todavía no hemos visto división de fracciones!
¿Se nota que mi mamá es maestra?
No me gusta dar condolencias por alguien a quien no conocí. Siento que van a ser huecas y que quién las reciba se va a dar cuenta que lo son y que le va a lastimar más. Aparte de eso, me cuesta trabajo superar la idea de que, aunque yo prefiero que en momentos así me dejen sólo, otra gente no es así.
Por otro lado, tampoco me gusta que crean que no me importa la gente. ¿Cómo le hace el resto de la humanidad para aprender a navegar todas estas redes de cortesías y amabilidades que no lo son pero no por eso no son importantes, y amabilidades que sí lo son pero que se tienen que decir en un lenguaje formal en particular si no no cuentan?
Estaba pensando durante el día que:
El resultado de ésto es que siempre que veo a alguien que sabe inglés, y sólo inglés, me cuesta un momento comprender cómo puede ser posible.
Cuando está uno niño, en primero y segundo de primaria, jugar a las trais es bien fácil: Uno las trae, los demás corren, cuando el que las trae alcanza a otro se las pasa. Pero a medida que vas creciendo le van poniendo más reglas: ¡Hay bases! ¡Pero se queman¡ ¡Pero hay bomberos¡ ¡Pero las cubetas tienen hoyos! ¡Pero tenemos un impuesto especial a los cerillos para financiar la reparación de cubetas¡ Para cuando llegas a sexto el asunto es tan complicado que deja de ser divertido y mejor decides dedicarte a cosas más sencillas, como la política, la topología de bajas dimensiones o la medicina.
¿Será parte inéscapable de la condición humana? O a lo mejor es un bien orquestado complot de los abogados, que usan a sus hijos como peones para convencernos desde pequeños que eso de necesitar expertos en descifrar las reglas del mundo es algo normal.
(Bueno, también podría ser un complot de los topólogos para reclutar gente pero, en ese caso, no está funcionando tan bien como se quisiera.)
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