Cosas buenas
Este planeta, en ocasiones y a pesar de todo, tiene algunas cosas buenas. Los raspados de grosella ya tuvieron su lugar en este sitio, aunque el elogio se haya perdido en el gran desastre. La oportunidad de hoy es para las comidas de fondita.
Consomé de pollo, por que nunca me ha gustado la sopita de fideos. Arrocito. Rojo. Con salsita. Habían disponibles plátanos, tábasco y machos, pero no quize. Tortitas de chayote en caldillito de jitomate y frijoles negros. Con epazote. Y agüita de guayaba.
Y el toque divertido: Llega la señora (el prototipo de viejita amable) con mi plato de consomé y una disculpa “Ahorita le traigo limoncitos, joven.” Y yo, que no pienso echarle limón, contesto “No, señora, así está bien”. “¿¡No quiere limón!?”, me dice ella algo confundida. “No, gracias”. Se retira y, 30 segundos después, la oigo allá por la cocina “¡Dice que sin limón!”.
Si no estuviera tan lejos iría ahí diario a comer.