Aventuras
La conversación dentro de su cabeza siguió, por más que sabía lo inútil que era. ¿Se enojaría? ¿Contestaría siquiera? ¿Para qué seguir queriendo imaginar lo que dirá? Más de una vez se había equivocado, estrepitósamente, con las predicciones. En todo caso y ya que la casualidad le había llevado cerca más valía aprovecharla. El parque, y la plaza. Con tantos recuerdos. Invitarle una nieve siempre es suficientemente neutral, no tiene por que sonar atrevido. A menos, claro, que se le notara el nerviosismo en la voz. O al verse. Pero de eso se puede uno preocupar después, ya al estarle hablando. ¡Decídete!
Tomó el teléfono, marcó el número. No tiene algo que ocurrir en un lugar exótico para ser una aventura.


