Mariposas
Siempre he sido muy tímido. Aprendí a leer los relojes de cabeza, para no tener que pedir que me dieran la hora. Esto, obviamente, ha afectado mi relación con las mujeres. Siempre soy un admirador silencioso. Las miro de lejos, procurando que no se den cuenta y giro la cabeza si voltean hacia mi.
Por eso fue tan sorpresivo lo que pasó. Estaba parado en un extremo del pasillo viendola platicar, parada ahí con su vestidito azul que tanto me gusta, absorto. Volteó y me miró a los ojos. Me quedé tan sorprendido que no pude voltearme, esconderme como de costumbre. Nos seguimos mirando, mientras la nube de mariposas amarillas que ha estado revoloteando la última semana alrededor del árbol grande del patio entraba por las ventanas y se repartía por todo el pasillo. Después ella se volteó y se fue, sonriendo contenta, hacia su siguiente clase, mientras que yo me quedé ahí, flotando con las mariposas.
Esta es la versión recuperada de mi memoria de un cuentito que ya había publicado aquí antes y que se perdió en la gran debacle.