Pausa
Es bueno que tu familia es razonablemente afluente, porque gracias a eso despiertas en un cuarto privado, con el sol en la cara y aire fresco entrando por la ventana.
Después de un rato de oir los sonidos de la mañana, llega la llamada para el desayuno. Huele bien, como de costumbre, a comida calientita y nutridora, a jugo fresco, a leche fria. El piso completo se llena con los sonidos de cubiertos y vajillas entrechocando, pequeñas campanas que anuncian que la gente está ahí, activa.
Un rato después abren las puertas del patio. La gente sale a caminar, a jugar, a sentarse en el pasto a leer, a ver las nubes. Los doctores alegan un poco con los que se quedan dentro. “Anda”, dicen, “te hará bien.” “Un poco de ejercicio es parte de tu tratamiento”.
Es la rutina del día. Tranquilizante. Predecible. Un poco aburrida, pero aburrido es bueno. Aburrido significa que no hay monstruos tras las sombras. Aburrido significa que lograste pasar otro día sin perder nada más. Aburrido te hace feliz, y tu felicidad se desborda un poco hacia afuera, y tus labios dibujan (casi) un esbozo de sonrisa.
Y el doctor asegura a tus parientes que eso es bueno, que hay progreso, que el que muevas los labios por primera vez en meses es una buena señal.


