Los anuncios del periodico
Una de las cosas que me llaman la atención respecto a las diferencias entre los periodicos son los anuncios que tienen. Entiendo perfectamente que algunas de esas diferencias se deben a la segmentación de mercados. Los anunciantes consideran, y quiza hasta tienen razón, que la gente que compra el Universal Gráfico en general no tiene para comprar camionetas de medio millón de pesos.
Pero hay otras diferencias que no me puedo explicar así. Una en particular es la de los anuncios de “productos para la sexualidad masculina”, por llamarles de algún modo. ¿A poco los lectores de la Jornada están en su mayoría exentos de angustias respecto al tamaño de sus penes?
Ante la duda, he formulado una teoría: Lo que pasa es que les da pena aceptarlo. Me parece buena teoría, entre otras cosas, por que funciona para mí. Esa es la razón principal por la que no compro pornografía. Digo, imaginen la escena. Ahí está Rodrigo, parado frente a un puesto cerca del metro Insurgentes, tratando de averiguar si hay alguna razón para preferir Pollitas candentes por sobre Historias de un colchón cuando, de repente, se aparece en la esquina y con claro rumbo hacia él una amiga de la Prepa con la que siempre quizo andar. Y es que si estuviera en una librería ojeando Fanny Hill y pasara lo mismo, bastaría con deslizarse dos pasos al anaquel de literatura universal y hacer como que en realidad estaba considerando si comprar una copia nueva de La guerra y la paz por que la que tenía ya está muy desgastada de tanto leerla. En cambio, si frente al puesto uno deja las películas en su lugar y se desliza ágilmente a un lado acaba frente al montón de películas gay.