Tren
El truco radica en procurar siempre viajar en tren. Subes en una estación cualquiera, caminas por el pasillo hasta encontrar un lugar con ventanilla. De ser posible te fijaste antes en el mapa y trataste de adivinar de qué lado habrá mejores paisajes. Pero no importa mucho si no pudiste, de cualquier modo no son más que conjeturas y un buen viaje tiene sorpresas.
Miras a la gente que subió contigo, a la que baja, a la que vuelve a bordo, a aquellos para quienes la estación es sólo una pausa.
Miras los árboles que vas dejando atrás. Vacas, borregos. O venados, siempre es lindo si hay venados.
De entre la bruma, allá lejos, surge una montaña. Crece, se define. Distingues los bosques en sus faldas. La miras irse, perderse de nuevo en la niebla.
Siempre que pases un río saluda a los niños que nadan en él.
Y luego te bajas, en alguna otra estación cualquiera. Jalas tus maletas, te sientas en ellas a respirar un poco. Tienes tres horas para explorar una ciudad nueva, en lo que pasa el siguiente tren.



July 13th, 2011 a las 7:20 pm
Sólo me bastó cerrar los ojos.Dejé volar el pensamiento y viajé a su lado.
Hermoso relato.